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Xoloitzcuintle, un perro muy mexicano y nuestro guía en el más allá

por Ilanna Guillén

1 noviembre 2019

Muchos lo conocen por su aspecto lampiño, grandes ojos y curioso caminar. Sabemos que es parte de nuestra historia y que lleva en nuestro territorio mexicano mucho más tiempo del imaginado. Así es, hablamos del Xoloitzcuintle, el perro azteca.

Considerado una de las razas más antiguas, con pruebas de su existencia desde hace más de siete mil años y también como un animal sagrado.  La palabra viene del náhuatl Xólotl, que significa monstruo, extraño o animal y del término Itzcuintli, que significa perro. Para los aztecas este perro era mucho más que una simple mascota.

Considerado un regalo del Dios Xolotl para guiar a las almas de los muertos en su viaje por el Mictlán. En la cosmovisión mexica también tienen un papel de gran importancia, Xólotl es el gemelo de Quetzalcóatl, deidad del ocaso y de la transformación. Conocido como el astro oculto que acompaña al Sol durante el ocaso para librar la batalla en el Mictlán durante la noche. Ambos dioses son los dos lados de la misma moneda. 

La leyenda del xoloitzcuintle

Cuenta la leyenda que el dios Xólotl tomo una astilla del Hueso de la Vida, de donde él mismo había nacido, para crear al Xoloitzcuintle y dárselo de obsequio a los hombres. El Dios les explico que durante su vida tenían que cuidar bien al perro ya que el día que el dueño muriera, el Xoloitzcuintle sería el encargado de guiar al alma a través del Mictlán. 

Por esta misma razón eran sacrificados y enterrados en las tumbas de sus dueños. Sin embargo, se debían de fijar muy bien de que su piel no tuviera ningún tipo de manchas; ya que esto significaba que ya había servido al alma de otro difunto y no sería tan fiel a este.

Otro de sus poderes era que el Xoloitzcuintle tenía la capacidad de alejar y proteger los hogares de espíritus malignos. Pero, como todo en esta vida, también tenían una dualidad maligna, porque también se les identificaba con las enfermedades y deformidades físicas. 

Perros curanderos

Era costumbre en la medicina azteca presionar la piel del Xoloitzcuintle sobre alguna zona con dolor para que desapareciera, esto los hacía muy buenos curanderos de dolores de cabeza ó musculares, asma, reumatismo, insomnio e incluso malaria. 

Taquitos de suaperrito

El canino mexicano corrió peligro tras la llegada de los conquistadores por su consumo indiscriminado. El jesuita Francisco Javier Clavijero menciono:

"Los españoles los encontraron nutritivos y de buen sabor. Después de la conquista, a falta de otra carne, los comieron hasta casi acabar con la especie."

También se creía que fue para acabar con los mitos religiosos y tradiciones del pueblo mexica. Después de la caída de Tenochtitlán y durante la época virreinal no se tienen datos relevantes sobre el Xoloitzcuintle, debido a que subsistieron en lugares apartados como las sierras de Colima, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Guerrero. Sin embargo, después de la Revolución Mexicana y con el auge del nacionalismo este perrito lampiño fue retomado como símbolo mexicano. Siendo mascota de grandes personajes del país como Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Dolores Olmedo y Raúl Anguiano. 

Estos curiosos perritos han sido parte de nuestro país por muchos años. Son parte de nuestra cultura, tradición y raíces, a ellos les debemos el trayecto seguro por el Mictlán y que sean grandes curanderos. Así que la próxima vez que veas a un Xoloitzcuintle en la calle, no olvides darle sus merecidas caricias y apapachos. En estas fechas, las almas de todos esos perritos vuelven a la tierra a festejar con sus dueños el ciclo de la vida y de la muerte. Recomendación; deja un poco de comida para ellos en tu ofrenda, nunca sabes que tan hambriento puede llegar. 


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