Media Lab

En vivo

LOG IN

Seis personas nos cuentan sobre su primer amor

por Dante Casas

30 agosto 2019

¿Recuerdas tu primer amor? Muchas personas tienen una idea fantasiosa sobre lo que es el primer amor, influenciadas por ideales que surgen de películas de Hollywood, Disney o simplemente porque su inocencia les remite a pensar cosas puramente bellas y perfectas.

Es por eso que decidí investigar si todos los primeros amores son de color rosa y parecen sacados de un cuento de hadas. Me di la tarea de salir a las abstractas calles de la CDMX y preguntarle a la gente sobre su primer amor.

El amor es de las cosas más fuertes y bonitas que existen en el mundo. Pero una vez más, podemos aprender como la realidad supera la ficción, y que la variedad de historias reales de personas comunes es más amplia que el catálogo de Netflix.

Amar duele, más si es en silencio…

Anónimo. 72 años.

A un costado del Monumento a la Revolución, me encontré a mi primer participante.

Estaba sentado en un lugar inusual, justamente a lado de tiendas de campaña y personas indigentes que recogían comida de los botes de basura. Aquel señor aparentaba seguridad y parecía ignorar toda amenaza y toda persona a su alrededor.

Me acerqué y le pregunté qué si me podía contar acerca de su primer amor, a lo cual reaccionó con una sonrisa y me invitó a sentarme a su lado, en medio de todos los indigentes que nos miraban como intrusos.

“No de cualquier mujer te enamoras mano, habrá muy bonitas o muy feas, pero el amor escoge, aunque sea mugrosa o piojosa, la quieres por que la quieres. Yo siempre decía: “Nunca le voy a hablar, pero si me espera me cae de madre que yo a ver cómo le hago yo le doy todo, es la mujer que yo quiero”.

Yo estaba joven, iba en primaria. Pero no sabía cómo la iba a conquistar, ni a mantenerla. Yo le iba a barrer a la gente a cambio de unos pesos y para comer unos tacos. Pero yo estaba muy triste porque mis hermanitos tampoco tenían para comer. Mi familia y yo éramos muy pobrecitos.

La chava estaba muy bonita, y como no le llegué, llegó otro más simpático y que tenía sus medios, a ese lo aceptó. Me la ganó ese pendejo que ni le habló, nomás la fue a pedir con un representante y lo aceptó.

Cuando ese wey me la ganó, yo en silencio lloré compañero, en verdad de Dios, a la una o dos de la mañana supe que se fue el amor que quise. Pero nunca le tuve que reclamar nada, ni nunca le dije nada, porque nunca le dije que la quería. Pero en mi corazón si la quería.

Pero si me esperaba, digo yo, a lo mejor me iba a decidir decirle que la quería o que nos casáramos, que me dijera que si o que no. Al menos hubiera querido eso y tener la satisfacción de decirle. Sufrí mucho de amor…”.

Me sorprendió como a pesar de su edad, seguía recordando con melancolía sus épocas de infante y por supuesto a su primer amor, un amor platónico.

 

Amo su inocencia, 17 años

Astrid Leiva. 39 años.

La segunda integrante de está cápsula de historias de amor fue una mujer solitaria que estaba contemplando de manera profunda una fuente. Se veía amable y con mucha paz.

Decidí acercarme y hacerle mi pregunta, sonrió y aceptó contarme su historia. Aunque no me dejó retratarla con mi cámara, me dijo que le tomara foto a su tatuaje, el cual representa la historia que me contó.

“Mi primer amor lo conocí a los 17 años, era el profesor de mi hermana en el CCH Naucalpan. Él empezaba a salir con mi hermana, ella me decía que era muy amable, muy grandioso según ella.

Yo me fui enamorando de lo que decía mi hermana, de un hombre que yo ni conocía. Estaba enamorada sin conocerlo, y una vez él quiso conocerme porque mi hermana le había hablado de mí.

En una ocasión él invitó a mi hermana al cine, pero mi hermana no pudo porque ella tenía novio. Le dije de broma que yo sí podía, bien lanzada. Mi hermana aceptó y pues fui yo en vez de ella.

El chiste es que fuimos a ver una película de Freddy Krueger, luego en su camioneta recuerdo que puso música de José José y yo pensé: “wow es un romántico”. Pero nos dejamos de ver porque él era profesor de mi hermana, y además yo tenía 17 años y el 34…

Después tuve un problema familiar, porque a mi hermana le gustaba la tomadera, yo le conté a él porque era amigo de la familia. Le dije que fuéramos al parque Naucalli, y fue ahí cuando le dije que me gustaba.

Recuerdo que una vez me compro un helado de chokochips y fue ahí cuando le dije que me gustaba, él pensaba que estaba loca y le plantee un besote.

Tuvimos una relación de cuatro años sin que nadie supiera, hasta que me embaracé y tenía que hablarlo. Aquel embarazo no se logró, la niña falleció antes de nacer. A pesar de eso no lo dejé y él me ayudó con mis estudios. Estudié administración de empresas y me sirvió poquito.

Hasta la fecha llevamos 23 años juntos. Es verdad eso que dicen que la edad no importa. En el alma esta la juventud, y déjame decirte que es el chavoruco mas ruco del mundo, le encantan las motos, son su segundo amor.

Ahorita ya tenemos una niña de nueve años, y yo soy su segundo matrimonio. Pudimos salir adelante, ahorita mi chavoruco tiene 56 años y yo ya voy hacia los 40. El amor si existe”.

Astrid me relató su historia de la manera más tranquila, me hizo sonreír y le agradecí. Antes de irme me explicó su tatuaje, que plasma el amor por sus dos hijas, por su esposo y los delfines.

 

El amor de una madre

Aylin Lobato. 23 años.

Al seguir caminando por las pobladas calles de la CDMX, vi a lo lejos una mujer caminando y tapándose del sol con un folder amarillo en su cabeza. Su apariencia era tierna, se veía confiable y amable. Accedió a contarme su historia.

“Mi historia de amor va para un año. En noviembre nació mi hija, fue difícil, pero lo más bonito fue que nació bien, que está bien de salud y que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Aunque no esté su papá.

A él lo conocí en la universidad, hubo química luego luego, bueno, para mí. Duramos un año cinco meses, pero decidió dejarnos. Ahora yo vivo con mis papás y con mi hija. Eso ha sido lo mejor que él me pudo haber dado, y tener a mi hija conmigo es lo más hermoso que tengo ahora”.

Aunque la charla fue muy breve, me pareció muy bonita. El amor tiene múltiples formas.

 

Lo único que tengo es amor para dar.

Cidronio Vázquez, 67 años.

Cidronio era un señor muy enérgico, que accedió de manera emocionante a contarme sobre su primer amor. Según él, estaba trabajando en ese momento, su trabajo consistía en vigilar las calles. Aunque no era ningún policía.

 “Era 1952 y lloré cuando hice el primer amor. Yo no sabía que era eso. Tenía yo 13 años. Después, a los 18 años me enamoré de una muchacha muy guapa, pero era rica. Yo no tenía dinero y no podía casarme con ella. Le dije que se viniera conmigo, y que acepta y que me la llevo.

Vivió conmigo dos meses, fuimos a pedir perdón y que me la quita su papá. Pero ella estaba embarazada, fue un niño. El niño se le quedó a ella en su casa, ya nunca me dejaron verla a ella ni al niño. El chavo ya está grande, ha de tener más de 56 años el chavo, imagínate.

Después, le contaron: “¿sabes que tu padre es fulano de tal?, “no” dice mi hijo; “mi abuelo me lo negó”. “Bueno, tu abuelo, pero nosotros lo conocemos, él es tu padre, nomás que a tu mama la recogió tu abuelo de aquel (Cidronio) porque era pobre el señor, o bueno, joven en aquel tiempo, pero ese señor es tu padre dice, te pareces igual a él. ¿Por qué lo niegas?”.

Una historia que fácilmente podría ser una telenovela.

 

El amor de una monja

María de los ángeles, 49 años.

Caminando por las calles de Reforma, me encontré a un par de monjitas, a lo cual sólo una de ellas me contó sobre su primer amor, llamado Jesús…

 “La primera vez que encontré a nuestro señor Jesús me inquietó mucho. Yo estaba trabajando con un padre salesiano, cuidando niños huerfanitos. Nos invitaban a hacer oración a la capilla. Ahí el padre leía el libro de las conversaciones con Dios. En una de esas, fue una línea muy fuerte la que me llamó mucho la atención, la línea “era”.

De ahí me salí de ese trabajo y empecé a tocar puertas y no sé por dónde tocaba ni que buscaba. Fue algo tan raro que el señor te inquieta. Pregunté por trabajos, toqué puertas, hasta que encontré a las hermanas misioneras de la caridad de Teresa de Calcuta.

Ahí me dieron esperanzas de trabajo, iba ahí a ayudar y duré dos meses y medio, pregunté que necesitaba para entrar al convento. Fue algo maravilloso que yo no había experimentado.

Me di cuenta que era amor de manera chistosa, vi a una de las hermanas misioneras trabajar sin zapatos, descalza, eso fue lo primero que me llamó la atención. De ahí me atrajo el señor y pregunte a la señora que necesitaba para entrar y fue ahí cuando ingrese al convento”.

Siempre es bueno escuchar todo tipo de amor en todo tipo de personas. ¿Quién dijo que para el amor hay reglas?

 

 Las enseñanzas del primer amor

Anónima

Al pasar por el grafiteado Ángel de la Independencia, una mujer de suéter rosado estaba esperando el cruce con una malteada de Shake Shack. Ella más que una historia, nos dejó una breve reflexión que podrías considerar si todavía eres joven o no has tenido tu primer amor.

 “Tenía quince años, duró mucho tiempo, tres años. Aprendí cosas y razones de porque no es muy bueno a esa edad, tiendes a dramatizar muchas cosas y verlos como únicos. Pero al final fue una buena experiencia, la verdad es que no puedo decir que fue lo peor, porque la verdad no fue malo.

Yo creo que lo que es malo es la edad, porque crees que puedes solucionar todos los problemas o que es la única persona que vas a encontrar. También, aprendí que debes tener mucha comunicación con tu familia y dejar a las personas cuando presentan cosas como celos, y cosas así. Aunque mi relación no fue tormentosa. Pero debemos ayudar a la gente a tener seguridad de sí misma”.

¿A qué edad es bueno amar?


Te puede interesar

Lo más actual directo a tu mail

Suscríbete a nuestro Newsletter