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Reseña: La sociedad del cansancio

23 agosto 2018 por Daniela Rodríguez Martínez

¿Alguna vez has tenido una crisis existencial en la cual no sabes si lo que eres es resultado de lo que ha decidido la sociedad o de lo que tú has construido? ¿Qué sucedería si te dijeran que la libertad de la que gozas en esta época en realidad te está apagando? Estas ideas son abordadas dentro del ensayo filosófico de Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio.

Este autor alemán, de origen surcoreano, propone en su texto que la sociedad contemporánea está sufriendo un cambio en su forma de ser, pues sus individuos tienen la falsa idea de ser libres para hacer todo y pierden de vista el hecho de que ese lema produce seres agotados, fracasados y depresivos...pero, ¿por qué?

Antes de encontrar la respuesta, el lector deberá conocer el prólogo. Este funciona adecuadamente porque da señales del tema que se abordará y la forma en que lo hará: por qué las personas actualmente sufrimos en la forma en que lo hacemos y cuál es la salida al respecto.

Sus líneas preparan al lector para entender el lenguaje y analogías sobre las que se basa el argumento central: un discurso médico-inmunológico (cómo el cuerpo nos protege frente a las enfermedades) entrelazado con un discurso social (cómo la sociedad ha cambiado a partir de la forma de ser de sus individuos).

A primera vista, estos dos tipos de discurso parecen aislados para quien no está acostumbrado a relacionar el simbolismo de ciencia y mente, pero la realidad que demuestra Byung-Chul Han es que a partir del análisis de las enfermedades (dimensión micro) es posible abordar comportamientos sociales (nivel macro).

Los capítulos del libro abordan ideas sencillas y concisas que se apoyan de la argumentación que hace el ensayista con respecto a otras teorías. Su estilo es informal; sin embargo, la variada biblioteca de autores a los que hace referencia —como Hannah Arendt, Nietzsche, Kafka, Heidegger, R. Esposito, J. Baudrillard, A. Ehrenberg, G. Agamben y P. Handke— obliga al lector a pausar y buscar en la web relatos, obras y/o términos para una mejor comprensión de sus ideas.

No pretende ser esta reseña un glosario, pero sí advertir al lector potencial los términos a los que debe prestar especial atención, porque en torno a ellos se desarrolla el pensamiento de este filósofo: la sociedad disciplinaria y sus sujetos de obediencia; la sociedad de rendimiento y sus sujetos de control; la negatividad y la positividad; la productividad y su relación con la libertad.

Esta obra parte de un título que sintetiza su idea final y que invita al lector a buscar la respuesta: ¿La sociedad del cansancio...? ¿...cuál cansancio...? ...¿de qué se está cansado?

Según el autor, en el siglo pasado la sociedad era disciplinaria: había reglas e instituciones que se encargaban de decirnos qué sí y qué no se podía hacer y si los sujetos obedecían, entonces tendrían una vida adecuada. había una fuerza externa diferente que nos obligaba a actuar.

Eso es el concepto de la negatividad: la no libertad, el rechazo a lo externo que pretende modificarnos, el intruso, la otredad, lo no propio. Unos sujetos rodeados de prohibiciones externas e internas que les impiden arriesgarse.

Pero como la mayor parte de las decisiones mundiales, la necesidad de transformar el funcionamiento de esa sociedad también surge a partir de la idea colectiva de mejorar la economía, de maximizar la producción. Entonces, ante un escenario globalizado, el autor plantea un cambio de paradigma, donde la negatividad queda atrás para dar paso a una positividad —que es posibilidad.

La sociedad ya no es disciplinaria, pues aunque conserva los deberes y obligaciones, estos no son impuestos por alguien externo, sino autoimpuestos. Es una sociedad sin límites, con libertades reconocidas, que acepta lo diferente. Unos sujetos de rendimiento, emprendedores, rápidos, productivos, con proyectos, iniciativas, motivaciones, en los que rige el ‘sí’ para atreverse, intentar...y fallar para volver a intentar.

Este cambio de lo negativo a lo positivo nos parecería adecuado y pensaríamos que es lo que “debe ser”; sin embargo, según el autor, no nos percatamos de los riesgos que implica cruzar la delgada línea de la positividad.

He aquí el sutil, pero poderoso argumento central de Byung-Chul Han: la libertad de la que nos enorgullecemos es en realidad nuestra prisión, pues las enfermedades neuronales que tienen su auge en este siglo son resultado de la “libre obligación que nos autoimponemos por maximizar nuestro rendimiento”.

Es decir, vivimos en un mundo en el que la productividad es la unidad de medida tanto del trabajo como del éxito personal. Sí tenemos más libertad, pero esa condición conlleva más posibilidades de fracasar. Ya no se batalla con lo exterior, sino con el interior: depresión, sentimiento de inferioridad, miedo al fracaso, auto-reproches, autoagresiones... cansancio de uno mismo.

Sobre este eje, el filósofo aborda una gama de malestares y los desmenuza con la misma simbología. Entre ellos destaco el problema de atención y la pérdida de la fe.

 

La administración del tiempo y capacidad de estar en todo son dos poderes que los adultos del mundo actual sueñan tener. Pero justo a lo que nosotros llamaríamos la cualidad de ser ‘multitasking (multi-tareas), dice Han que, en realidad, es una habilidad que denota nuestra regresión a la edad salvaje en la que el hombre debía prestar atención a todo para sobrevivir. A su parecer, la verdadera habilidad que nos hace evolucionar, producir arte, filosofía y cultura es la capacidad de contemplar: calmar la mente, relajarnos, pausar la vida acelerada.

Dice —a mi parecer con toda razón— que la introspección derivada de la contemplación o de actividades como la meditación es aburrida para muchos, para aquellos que no saben silenciar su “ego-hiperactivo”. A su vez, la intolerancia al aburrimiento nos lleva a no saber escuchar, no saber callar, no pensar antes de actuar y, por ende, no saber convivir.

De la mano viene la pérdida de la espiritualidad, porque no se tiene ya tiempo para creer sino solo para hacer: lo que obtenemos no se debe a la fe en un ser superior, sino a las propias decisiones y actuación. La vida, entonces nos parece efímera, sin milagros, sin sentido de trascendencia.

El profundo desarme de la sociedad actual que hace Byung-Chul Han nos conduce a cuestionarnos si estamos listos como individuos para asumir las consecuencias de las libertades que tanto demandamos, no solo en comunidad, sino mentalmente.

Cada uno tiene la misión interna de ser “auténtico”, “distinto a los demás”. Esto conlleva un esfuerzo diario por construirse a uno mismo: la imagen, el comportamiento, la profesión, los éxitos... Y aunque es plausible esa iniciativa, ¿no es acaso esa condición de querer todos ser distintos lo que paradójicamente termina por hacernos iguales? ¿Acaso no es cansado auto-explotarse de esa forma?

Es sencillo entender los argumentos de este filósofo, partiendo del hecho de que es una descripción —o retrato escrito— de nuestra sociedad; por tanto, para bien o para mal, al identificarnos podemos entenderlo mejor.

A lo largo de los capítulos, el ensayista prepara mentalmente al lector para aceptar y entender el argumento final: tomarse un descanso de uno mismo —de esa puesta en escena diaria— es paradójicamente la solución para volver a ser uno mismo en compañía de los demás.

Jugar más, trabajar menos hará que seamos más productivos. Esta obra es ideal para aquellos que desean confirmar filosóficamente que bajar la rígida guardia del éxito y de la imagen hará que dejemos de competir mutuamente. ¿El cansancio puede curar los males sociales? Si nos relajamos y acordamos ser nosotros sin esfuerzo, entonces, tal vez, podamos convivir en la comunión de una situación: todos estamos cansados... somos una sociedad del cansancio.   

Daniela Rodríguez Martínez

 

Byung-Chul Han, de origen coreano, estudió filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura Alemana y Teología en la Universidad de Múnich. Actualmente, es profesor de Filosofía y Teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe. El autor de más de una decena de títulos; ‘La sociedad del cansancio’ es su primera traducción al castellano.

Han, B. (2012) La sociedad del cansancio (Die Müdigkeitsgesellschaft). (Trans. A. Saratxaga Arregi). Barcelona: Herder, pp.79 (Trabajo Original publicado en 2010).

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