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El metalcore relució en el primer día del Domination

por Sebastián Escárcega

8 mayo 2019

Las playeras negras, botas y largas cabelleras hicieron evidente que el 3 de mayo no era un viernes cualquiera en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Se trataba de la primera edición del festival Domination.

Alrededor de las 4 de la tarde, pude accesar al evento. Para ese momento, bandas nacionales como Koltdown, Cathleen y Cardio Kazan ya habían inaugurado el concierto.

Luego de un breve recorrido por las distintas zonas del evento, me dirigí al escenario Distortion para presenciar el show de Avatar. El espectáculo fue casi teatral, en gran medida por la interpretación del vocalista Johannes Eckerström. El público respondió con gritos y aplausos ante los riff de los suecos. Eckerström destacó en más de una ocasión que era una ocasión muy especial para ellos, por ser su debut en tierras mexicanas. Terminada su presentación, la banda se despidió de sus fans con la promesa de regresar pronto.

Una multitud se volvió a reunir en ese mismo escenario minutos antes de las 7 de la noche para disfrutar del metalcore de Parkway Drive. Durante la primera canción, los asistentes permanecieron casi inmóviles en sus lugares. Sin embargo, con los primeros compases de Prey se formaron los moshpits y buena parte de la audiencia comenzó a brincar. Winston McCall, cantante y fundador de la agrupación, no paraba de sonreír al ver el desorden que se había desatado. El setlist de los oriundos de Australia estuvo compuesto en su mayoría de temas de sus dos discos más recientes.

 

 

 

 

 
 

 

 
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💪​ Ready for Mexico ​🇲🇽​ today! ​📷​ @Julius.A.Aguilar (@TheNoise) #CollapseTheWorldTour2019

 

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El sol se ponía cuando un conjunto de hombres cuervo y valquirias aparecieron en el escenario principal para hacer un performance. Voces guturales decían que la locura estaba por desatarse, al tiempo que los actores señalaban al público.

En efecto, la locura se desató minutos más tarde cuando August Burns Red subió al Evolution Stage. Miles de metaleros se empujaban unos contra otros en un gran circle pit que se formó en el centro, mientras que muchos otros agitaban la cabeza. La tónica se mantuvo constante hasta que la banda entonó durante unos segundos Happy Birthday para felicitar a Justin Davidson, bajista del grupo, quien cumplia 31 años. En ese instante percibí el característico olor de la sangre y vi que mi brazo izquierdo manchado. Nunca supe quien había sufrido la hemorragia, solo comprobé que aquel líquido no fuera mío. El baterista Matt Greiner demostró su gran habilidad con la interpretación de un solo que prendió los ánimos del público. Luego de una hora de metalcore, August Burns Red concluyó su presentación.

Acudí rápidamente a la carpa de los paramédicos para que me ayudaran a limpiar mi brazo y recordé la anécdota con buen humor. Inmediatamente después me encaminé para el Headbangers Stage para escuchar a Meshuggah. El espectáculo de luces en conjunto con el death metal progresivo, hicieron del show de los suecos una experiencia difícil de olvidar. Para mí, ese fue el último concierto de la noche.


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